martes, 15 de abril de 2008

Los Kaminantes
Boletín Informativo del Centro de Estudios Kaminantes del Sol

AÑO DEL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA UNIVERSAL

Abril de 2008

DEDICADO AL PLANETA TIERRA-NUESTRO HOGAR

Le dedicamos este boletín a la Madre Tierra, nuestro Hogar, como una reverencia en celebración del Día del Planeta Tierra, el 22 de abril. Hagamos un espacio en nuestras vidas para agradecer a la Madre Tierra por cobijarnos y alimentarnos por siempre. Pidamos perdón por el mal uso de sus recursos naturales y por la contaminación del aire, agua y tierras. Aprendamos a vivir ecológicamente respetando todos los reinos de la Naturaleza, haciendo un uso adecuado de los recursos naturales y fomentando un desarrollo sustentable. Debemos parar el desenfreno desarrollista si no queremos destruir todo lo que conocemos. Es urgente transformar nuestras vidas para elevar la vibración del Planeta y la nuestra, de manera que todos podamos ascender el próximo escalón evolutivo.

Los mayas, en sus profecías, nos advierten que todo aquel que no reverencie ni respete a la Madre Tierra será llevado por un cuerpo celeste que pasará cerca de la Tierra para el final de éste ciclo (2012). Aunque de forma un tanto simbólica, nos están advirtiendo que van a ser víctimas de sus propios errores y pagarán sus deudas kármicas acumuladas por sus acciones u omisiones contra el Planeta. Si estamos conectados a la Pachamama, si la amamos como ella nos ama, podemos protegerla y por consiguiente ella siempre nos protegerá, nos cobijará y nos nutrirá.

!Bendita sea nuestra amada Madre Tierra!
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El Vínculo Sagrado con la Tierra

Mientras el suelo era la madre sagrada, el seno de la vida de la naturaleza y de la sociedad, su inviolabilidad fue el principio organizativo de sociedades que el «desarrollo» ha declarado atrasadas y primitivas. Pero son gente de nuestro tiempo, que no se diferencian de nosotros por pertenecer al pasado, sino por tener un concepto diferente de lo que es sagrado y de lo que hay que conservar.Esta sacralización es el nexo que une las partes con el todo. La tierra es la fuente de la integridad de las personas y de la naturaleza. Su santidad debe preservarse y deben establecerse límites a la acción humana. La sacralización del suelo actúa como sanción contra la violencia del progreso.Existe una religión muy local y concreta, pero que parece prevalecer en todo el mundo: una religión basada en considerar a la tierra como una madre sagrada. Esta es la religión que el desarrollo destruye. El sacrificio, en términos del desarraigo físico de la población, es de por sí brutal y grave. Pero peor es la pérdida de la identidad, el ser arrancados no sólo de la tierra sino del propio ser. Las comunidades que extraen su sustento del suelo no lo ven sólo como algo físico dentro del espacio cartesiano. Para ellos el suelo es la fuente de todos los significados. Como dijo un aborigen australiano:


«Mi tierra es mi espina dorsal.
Mi tierra es mi origen.»

Suelo y sociedad, la tierra y su población están íntimamente conectados. En las culturas tribales y agrarias la identidad cultural y religiosa deriva de la tierra. El suelo no es «un mero factor de producción», sino el alma de la sociedad.El suelo personaliza el hogar espiritual y religioso de la mayoría de las culturas. Es la placenta de la producción de la vida biológica, así como de la vida cultural y espiritual. Representa a todas las fuentes de sustento. Es el hogar en el sentido más profundo de la palabra. El suelo es el espacio cultural y espiritual en el que se constituye la memoria, el mito, la historia y las canciones que componen la vida diaria.
Un viejo hindú decía: «El sol, la luna, el aire y los árboles son signos de mi continuidad. La vida social continuará mientras éstos sigan viviendo. Yo nací como parte del suelo. Voy con ellos. El que nos ha creado a todos nos dará comida. Si hay tanta variedad y abundancia en el suelo, no tengo porqué preocuparme por mi continuidad.»

La tierra es pues la condición para regenerar la vida de la naturaleza y la vida de la sociedad. De este modo, la renovación de la sociedad pasa por preservar la integridad de la tierra, implica tratar al suelo como algo sagrado.
La desacralización del suelo es consecuencia de los cambios en el significado del espacio. El espacio sagrado, el universo de todo significado y toda vida, la fuente de toda subsistencia, se ve transformado en un mero sitio, en un punto del espacio cartesiano. Cuando un sitio se identifica en un proyecto de desarrollo, se destruye como lugar espiritual y ecológico. Hay una historia que los ancianos de la India Central cuentan a los niños, para recordarles que la vida de la tribu está íntima y profundamente ligada a la vida de la, tierra y del bosque. Es ésta: «El bosque estaba en llamas. Empujadas por el viento, las llamas se acercaron a un bello árbol en el que estaba posado un pájaro. Un viejo que escapaba del fuego vio al pájaro y le dijo: «pequeño pájaro, ¿por qué no huyes volando? ¿Has olvidado que tienes alas?» Y el pájaro contestó: «Hombre viejo, ¿ves sobre mí ese nido vacío? Allí es donde nací. Y en este pequeño nido del que surge este piar estoy criando a mis hijos. Los alimento con el néctar de las flores de este árbol, y yo me alimento de sus frutos maduros, ¿Ves los excrementos caídos en el suelo del bosque? Muchos brotes surgirán de ellos, y así ayudo al crecimiento de la vegetación, como hicieron mis padres antes que yo y como harían mis hijos después de mí. Mi vida está ligada a este árbol. Si muere, seguro que moriré con él. No, no he olvidado mis alas.»
El hecho de que la gente no abandonara sus tierras ancestrales, que continuara reproduciendo sus vidas en la naturaleza y la sociedad de forma perenne y duradera, no se consideró una forma de conservar la tierra, de preservar la ética del suelo. Se vio como un síntoma de estancamiento, de estar lisiado, de no poder cambiar. Se consideró necesario crear algo que hiciese cambiar a estos sistemas estables. Se les dio movimiento con proyectos de desarrollo, y la destrucción y el desarraigo que significaban se camuflaron bajo la categoría cartesiana de «desplazamiento».Peter Berger ha descrito el desarrollo actual como «la creciente condición del desarraigo». Su creación es a la vez consecuencia de la destrucción ecológica del hogar y de romper los vínculos culturales y espirituales de la población con ese hogar. La palabra ecología deriva de la palabra griega oikos: hogar. La destrucción ecológica es, en su esencia, la destrucción del suelo como hogar espiritual y ecológico.Sustituir la categoría sagrada del espacio por una categoría cartesiana es posible para los tecnócratas y las agencias de desarrollo. Es un proceso irreversible de genocidio y ecocidio que se camuflan bajo términos como «desplazamiento» y «reasentamiento».Para quienes consideran sagrado el suelo, el reasentamiento es inconcebible. Un anciano de la tribu Krenak habló en una audición pública de la Comisión Mundial de Desarrollo Ambiental, sobre la imposibilidad de reasentarse:

«Cuando el gobierno tomó nuestra tierra en el valle del río Doce, quiso darnos otro sitio en otro lugar. Pero el Estado, el gobierno, no entenderá nunca que no tenemos ningún otro sitio adónde ir. El único sitio posible para la gente Krenak donde vivir y establecer nuestra existencia, donde hablar a nuestros dioses, hablar a la naturaleza y llevar nuestra vida es donde Dios nos creó. Es inútil que el gobierno nos ponga en un lugar maravilloso, en un buen sitio con mucha caza y pesca. Seguiremos muriendo, y morimos insistiendo que sólo hay un sitio en el que podamos vivir.»

Este acercamiento a la naturaleza que considera el suelo como algo materno y los seres humanos como frutos de ella y no como propietarios, ha sido y es universal, a pesar de que se ha sacrificado en todas partes como si representase una visión local y sin interés. En su lugar se ha introducido la estrecha visión cultural de los blancos europeos, universalizada a través del colonialismo y del desarrollo, que ven el suelo como una propiedad a conquistar y a poseer.

El colonialismo transformó la tierra y el suelo. Eran la cuna natural de la vida y una fuente de sustento para sus habitantes; los convirtió en una propiedad privada para ser comprada, vendida y conquistada. El desarrollo continuó lo que el colonialismo no pudo terminar. Transformó a los seres humanos de invitados en depredadores. En un lugar sagrado sólo se puede ser invitado, no se puede poseer. Esta actitud hacia el suelo y la tierra como hogar sagrado, no como propiedad privada, es característica de la mayoría de las sociedades del Tercer Mundo. La carta del jefe sioux Seattle se ha convertido en un testamento ecológico:

«La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Todas las cosas están conectadas, como la sangre que une a una familia. Lo que le ocurre a la tierra le ocurre a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la telaraña de la vida, es sólo un hilo. Cualquier cosa que haga a la telaraña se la hace a sí mismo.»
En la visión del mundo del Africa indígena «el mundo en su totalidad está hecho de un solo tejido. El hombre no puede dominarlo en virtud de su espíritu. Es más, este mundo es sagrado y el hombre debe ser prudente con el uso que hace de él. El hombre debe actuar en este mundo como invitado, y no como un propietario explotador».
En las comunidades indígenas los individuos no tienen propiedad privada. Toda la tribu es responsable de la tierra que ocupa. Y la comunidad o tribu no incluye sólo a los miembros vivos, sino también a los ancestros y a las generaciones futuras. El suelo no es un concepto territorial, no define un espacio cartográfico sobre un mapa.
La ironía de la desacralización del espacio y el desarraigo de las comunidades es que las categorías seculares del espacio usadas por el desarrollo transforman a los habitantes originales en extraños en su propio hogar, mientras que los extranjeros toman ese hogar como propiedad privada. Se lleva a cabo una redefinición política de la gente y la sociedad mediante cambios en el significado del espacio. Se crean nuevas fuentes de poder y control sobre la naturaleza y la sociedad. El poder y el significado pasan de estar enraizados en el suelo a estar ligados al Estado y al capital global. Estos conceptos unidimensionales y homogeneizantes del poder crean nuevas dualidades y nuevas exclusiones. Trágicamente, los más excluidos dentro del nuevo orden de poder son los habitantes originales, y los más incluidos los extranjeros distantes que controlan el capital.
La santidad del suelo era una condición esencial para la renovación de la sociedad. De la madre tierra nace la sociedad. Las condiciones de renovación pasan por el mantenimiento del ritmo y los ciclos de reproducción de la vida. Perdurar, permanecer, continuar, mantenerse: para todo ello la integración en un todo orgánico resulta una condición esencial. El todo perdura, las partes degeneran y desaparecen. El concepto sagrado del espacio y del orden se refleja en el concepto sagrado del tiempo. El tiempo sagrado tuvo que ser sustituido por el tiempo mecánico que comprimía todas las historias en una sola, la del hombre blanco industrial. Para Bacon, llamado el padre de la ciencia moderna, la naturaleza ya no era la Madre Naturaleza, sino una naturaleza femenina conquistada por una ciencia masculina y agresiva.

El tiempo masculino crea un futuro masculino para todos. Paradójicamente, una visión universal sólo basada en el concepto del futuro es la que amenaza el futuro. La voracidad ecológica de la cultura que lanza el mito del progreso amenaza con poner fin a la historia, cerrar el futuro. La cultura depredadora que se autodenomina futurista vive a costa del futuro, coloniza el futuro.

El dominio de un concepto lineal del tiempo, combinado con la hegemonía cultural, sólo puede crear un orden violento en el que el pasado de otros y sus alternativas de futuro se destruyen, y el sueño del futuro de todos se convierte en el presente o el pasado del hombre industrial. Otros senderos, otros caminos, otras historias no se perciben, y al no ser percibidos son borrados. Veo claramente la profundidad con que el pensamiento lineal se ha asentado en nuestras mentes cada vez que discusiones sobre otras realidades contemporáneas, libres de la forma de actuar occidental y patriarcal, hacen surgir la pregunta: « ¿Es que quieres hacernos volver al pasado? » o « ¿Quieres hacernos volver a la Edad de Piedra? ». Y cada vez me sorprende el esquema mental que permite que el presente y el futuro de culturas no occidentales se conviertan inmediatamente en el pasado de la historia del hombre blanco. Por definición, el tiempo masculino excluye las otras alternativas. Aparta a otras culturas de sus fundamentos históricos y los sustituye con la promesa vacía de un futuro hecho a imagen y semejanza del occidente patriarcal.

El desarrollo ha interrumpido el proceso cíclico y lo ha sustituido por una carrera lineal hacia el «futuro», el siglo XXI. Es, de hecho, inevitable que habrá un siglo XXI. Pero no es esta inevitabilidad la que se invoca con la imagen del próximo siglo, sino la imagen del occidente contemporáneo. La historia se ve reducida a la imitación de la cultura más desalmada, y esta imitación se define como modernización y progreso. A través del nacimiento del tiempo masculino, el desarrollo ha convertido a una subcultura (producto de los tecnócratas blancos) en un ideal al que se debe llegar aunque ello suponga la propia destrucción. El tiempo, robado a la historia, se ha convertido en el instrumento para destruir la historia. La obsolescencia, la creación deliberada de lo desechable, del «usar-y-tirar», se ha convertido en la fuerza del cambio, y también en la fuerza que destruye la permanencia y la durabilidad. Un movimiento cada vez más rápido en el tiempo lineal se ha convertido en el fin hacia el que se dirigen todos los esfuerzos humanos. Es como si las sociedades hubiesen sido arrancadas del suelo y lanzadas al tiempo vacío. Los ciclos de renovación de la naturaleza y de la sociedad están siendo destruidos porque marcan límites. Imponer el tiempo masculino sobre los ciclos naturales se ha convertido en la esencia del progreso, y en la causa básica del desastre ecológico y social.Por supuesto, existe otra forma de afrontar el futuro, y ha sido el camino tomado por muchas culturas no occidentales. Los indios norteamericanos vivían con el criterio de las generaciones venideras: consideraban el valor de sus acciones según el impacto que podrían tener sobre la séptima generación. Como dijo al respecto Oren Lyons, portavoz de la nación Onondoga: «Nuestros abuelos nos enseñaron: «vigila cómo pones tus mocasines sobre la tierra, porque las caras de las generaciones futuras miran desde dentro de la tierra esperando su turno para vivir».
Ya que el desarrollo es una forma deliberada de hacer perder a las sociedades sus lazos con la tierra, recordar esta unión se convierte en un acto de resistencia política y de recuperación ecológica. Como dijo el novelista Milan Kundera: «La lucha del pueblo contra el poder es la lucha del recuerdo contra el olvido». La creación del mito del progreso lineal, que divide a las culturas entre «atrasadas» o «modernas», «primitivas» o «avanzadas» dentro de la escala lineal de valores del tiempo masculino, significa la destrucción de la memoria de otras temporalidades, otras identidades y otras historias. Es pues natural que las naciones indias del Brasil, en el encuentro de Altamira, se centraran en la recuperación de la memoria. En palabras de Krenak:
«Consideramos la memoria como la relación fundamental entre la humanidad y la Naturaleza. Por eso debemos hablar más alto. Por eso invitamos a la gente que quiera recordar a caminar con nosotros».
El orden mecanicista del universo, la sustitución de otros significados del espacio por los de Descartes y Bacon, se consideró basada en «las leyes de la naturaleza». Después de todo, la ciencia reclama para sí el descubrimiento de dichas leyes. Pero hoy es evidente que las «leyes» de la ciencia no eran leyes naturales, sino creadas según la violenta visión masculina que viola los ritmos y procesos de la naturaleza. El intento de conquistarla y controlarla ha creado un nuevo sometimiento a la ciencia, y los instrumentos que hemos utilizado para esclavizar a la naturaleza se han convertido en fuente de nuestra propia esclavitud.
La ciencia moderna se presenta como un sistema de conocimiento universal, libre de valores, que ha desplazado a otros sistemas de conocimiento gracias a su universalidad y neutralidad, y por la lógica de sus métodos. A pesar de todo, la corriente dominante dentro de la ciencia: el reduccionismo o paradigma mecanicista, es una respuesta particular de un grupo concreto de gente. Nació entre los siglos XV al XVII, con la muy aplaudida Revolución Científica. Durante estos últimos años, los estudios sobre el Tercer Mundo y la mujer han empezado a denunciar que el sistema científico dominante no emergió como una fuerza liberadora en favor de toda la humanidad (a pesar de que se autolegitimó en términos de beneficio para el conjunto de la especie), sino como un proyecto masculino y patriarcal que necesariamente implicaba el sometimiento de la mujer y de la naturaleza.
Existen otros procesos de conocimiento que se contraponen al ideal baconiano de descubrimiento de las leyes naturales por la manipulación; buscan el conocimiento a través de la identificación, no del control, a través de la participación y no del dominio. Participar en la vida del organismo no es sólo un método más efectivo para conocerlo; es una fuente de liberación y fuerza para el conocedor. Como escribió Rachel Carson: «Quienes contemplan la belleza de la Tierra hallan reservas de fuerza que durarán tanto como dure la vida. Hay una belleza simbólica y real en la migración de las aves, en el flujo y reflujo de las mareas, en el brote que espera a la primavera. Hay algo infinitamente curativo en la sabiduría de la naturaleza: la seguridad de que el alba viene después de la noche y la primavera después del invierno».

Vandana Shiva
Nueva Conciencia Integral
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Wakan Tanka


Podría parecer que las Viejas Costumbres ya no pudieran aportar medios de supervivencia espiritual en el mundo blanco viciosamente desarmónico. Se podría creer que las Viejas Costumbres son una débil defensa contra el ataque de las prácticas extranjeras al «mundo natural». La mayor parte de nosotros considera el asalto cultural y espiritual de los blancos como una fuerza diluyente o debilitante. Creemos que es necesario proteger las Costumbres más que dejarlas que nos protejan.

Es verdad que las Viejas Costumbres nos han sido legadas para una época que nuestros ancestros no hubieran podido imaginar. Así, cuando se las integra completamente, cuando uno se remite totalmente a ellas, las Viejas Costumbres nos vuelven invulnerables. Gracias a ellas, nosotros haremos más que sobrevivir en el mundo blanco, lo comprenderemos más de los que lo hacen los blancos. Nosotros no debemos solamente buscar la aplicación de las Viejas Costumbres al «mundo moderno» sino también comprenderlo en su contexto.Nosotros nos abrimos como el aire, y el mundo pasa a través nuestro como el viento. El mundo forma parte de nosotros como el viento forma parte del aire. No tenemos fronteras, somos lo que experimentamos, sabemos, sentimos, y esto entra en interacción con todo, haciéndonos pertenecer a la tierra entera. No buscamos determinar nuestra forma, sino que podemos dejarla moldearse a través del ritmo particular de la conciencia tribal que crea nuestra percepción, que nos crea a nosotros mismos.Nuestros cuerpos crecen, y no se despliegan por el efecto de una elección y de una decisión, no más de lo que lo harían nuestros espíritus.
En condiciones convulsionadas nacen automáticamente actos desarmónicos y destructivos. A través de las Viejas Costumbres, nosotros estamos en armonía con todas las circunstancias. El desenvolvimiento correcto y armonioso de una acción puede siempre aparecer en nosotros mientras estemos en contacto con nuestra interioridad. Toda existencia nos impregna, por lo tanto, conocemos la dimensión sagrada de todo ser. Es un conocimiento que no puede ser enunciado distintamente, él nos es inherente. Es algo sagrado que no puede ser analizado ni definido, absoluto en sí mismo, sin significación más allá de sí mismo.
Todo está situado en el centro del universo. Tú eres el centro, el punto de mira, de convergencia de la Tierra que fluye en tí, física y espiritualmente: el aire, el agua, los seres vivientes que te nutren, que se funden en tu existencia. Todo es definido en relación contigo.
La luna es ella misma en su propio centro, tanto como el pino, la roca, la brisa, el trueno. Ellos no son el uno o el otro, ni siquiera un otro de la misma especie. Cada pino particular tiene su propia disposición única y sagrada de agujillas, de ramas, de corteza. El sol, el agua, el suelo, el viento crean la forma de los pinos. Pero la forma de cada pino no es definida ni por su similaridad ni por su diferencia con los otros pinos: ella es absoluta, no es una cosa, es un proceso, como nosotros.
El Gran Espíritu no está en nosotros ni fuera de nosotros. Las Viejas Costumbres no son ni impuestas desde el exterior, ni creadas desde el interior, sino que son un ritmo tribal particular que nos guarda en la corriente de la Vida.Como el aire que se desplaza con el viento, aquel que sigue las Viejas Costumbres recibe un gran poder que él no contiene o no puede crear.Los Americanos no originarios de este continente - ya que la mayor parte son tan desequilibrados espiritualmente - son contrarios a actuar según las leyes del Gran Espíritu. Aunque, para asfaltar a nuestra Madre o para construir sus inmuebles, ellos deben adherirse a «las leyes de la naturaleza» de una cierta manera. Si no lo hacen, sus inmuebles seguirán esas «leyes» desplomándose.Nadie puede apartarse del Gran Espíritu, y si se actúa sin reverencia y sin conciencia, se llega a ser un desecho espiritual (y tal vez físico) a causa del desequilibrio creado. Es como desviarse al caminar al borde de un alto acantilado, no se viola la Naturaleza, pero eso puede conducir a la muerte.La mayor parte de los Americanos no originarios de este continente están aprisionados en procesos que ellos no comprenden, a los cuales no pueden adaptarse, y que los destruyen espiritual y físicamente. Ellos rehúsan comprender que no es más que una ilusión el ensayar de controlar la Máquina que los contiene totalmente. Y, como miembros de nuestra especie, sirven para advertirnos de lo que nosotros podríamos llegar a ser.Toda nuestra existencia está hecha de reverencia. Nuestros rituales renuevan la armonía sagrada que somos nosotros. Cada uno de nuestros actos - comer, dormir, respirar, amar - es una ceremonia que recuerda nuestra dependencia en relación a la Madre Tierra y nuestro parentesco con todos sus hijos. Los cristianos separan lo espiritual de lo físico, ponen su religión en un compartimiento y juzgan al mundo físico como maligno, malvado y como la preparación vulgar de un mundo por venir.Al contrario, nosotros reconocemos lo espiritual y lo físico como siendo uno. Lejos de las dicotomías occidentales entre Dios y la humanidad, Dios y la naturaleza, la naturaleza y la humanidad, nosotros estamos próximos, por la intimidad y el calor del corazón, a la Madre Tierra y al Gran Espíritu. A diferencia del dogma cristiano que establece que el hombre es malo por naturaleza y que a la vez ha sido promovido como amo por derecho divino sobre la Tierra, nosotros sabemos que, por pertenecer a nuestra Madre sagrada, la Tierra, nosotros somos igualmente sagrados.
Conformarse a las Viejas Costumbres significa vivir con el sentido de lo sagrado, sostenerse y marchar derecho, respetar a nuestros hermanos y hermanas de diferentes naciones y especies. Es abrirnos como el aire, como el cielo, a fin de conocer las montañas, las aguas, el viento, las luminarias del cielo, las plantas y los animales de cuatro patas, de seis patas, sin patas, y los seres alados. Es respetar las maneras sagradas cuando uno tiene que matar, cuando se debe evitar el sufrimiento, cuando se conoce el amor, el pesar, la cólera y la alegría, cuando es preciso morir.
Todo lo que nos es dado por el Gran Espíritu es sagrado: la vida, la muerte, el deseo de evitar la muerte y el deseo de recibirla, la pena, el hambre, la cólera, el crecimiento. Para vivir en armonía con la Tierra y con toda vida, no se recurre a los juicios de valor de los occidentales, que aíslan lo etiquetado como «bueno»: la vida, el amor, lo que es agradable; evitando lo «malo» o la dificultad: la oscuridad, la cólera, la incomodidad, el sufrimiento o la muerte. Estar en armonía con la muerte de un ser querido, por ejemplo, es conocer el sufrimiento - no suprimirlo, negarlo o escapar de él - sino fluir con él, crecer con él, sumergirse en él y celebrarlo.Los modos de vida de cada nación permiten la expresión de lo «negativo» de manera que cada uno pueda constantemente mantener su equilibrio y su armonía. « ¡ Es un buen día para morir ! » grita el Dakota en una batalla. Para morir a la altura de la vida, para trascender los conflictos, para ofrecerse en una suerte de autoinmolación ritual, para unir la vida y la muerte en una pureza exquisita. Igual que la extrema violencia de sí mismo en la Danza del Sol representa una liberación y una revelación, el éxtasis está en el encuentro explosivo de la vida y de la muerte, del dolor y del placer.
La muerte forma parte de la vida, y toda vida es nacida de la muerte. Matamos y morimos con la conciencia y el respeto de lo sagrado. Cuando debemos matar animales y plantas, lo hacemos con reverencia, respeto, gratitud y amor, y con la conciencia de que nosotros les pagaremos con nuestros propios cuerpos. Nuestros cuerpos no son nuestros sino de la Madre Tierra. Ella nos permite vivir gracias a otros de sus hijos. Ella está en nosotros cuando absorbemos sus cuerpos y cuando nos damos a nuestro turno a ellos. Después de nuestra muerte, nuestros cuerpos retornan a nuestra Madre y a sus hijos que nos han prestado la vida, y nuestros espíritus se funden en la corriente de conciencia-energía, como una ola que refluye hacia la orilla. Todos los seres vivientes se pertenecen mutuamente, pues no estamos separados, somos dinamismos o las etapas de un proceso. No hay muerte, sólo una transformación.Hay una gran diferencia entre las concepciones occidentales y las concepciones indias del tiempo. La percepción occidental es de un tiempo lineal y progresivo: ellos se desplazan a lo largo de una línea, con el pasado detrás y el futuro delante, y esperan avanzar, progresar: « Tienes seis años, deja de portarte como si fueras un niño de dos años». «Nos ha costado un millón de años salir del fango y ahora hemos triunfado en ir a la luna». Cada momento es considerado como una etapa en relación a otras. Cada momento es superior a los momentos precedentes, pero no tan agradable como el que lo seguirá.
Esta progresión del tiempo empuja a la mayor parte de los no-Americanos a renegar del Gran Espíritu, no progresista, y de la Madre Tierra. Esto origina el comportamiento tiránico y pretendidamente racional de los adultos en relación a sus niños - a menudo ellos nos llaman «niños» como eufemismo por «salvajes» - la manera ciega y frenética con la que tienen el hábito de perseguir a las especies «inferiores» y su tentativa de destruir los pueblos tribales.La palabra «primitivo» derivada de la misma raíz que «primero» significa un estado anterior por oposición al estado «avanzado», desarrollado. Así un pueblo tribal es juzgado en función de lo que los occidentales creen que deberían finalmente llegar a ser. «Pero esta evolución tiene necesidad de que se la ayude», suspiran ellos, brincando de impaciencia frente a la lentitud con la que estos seres retrasados aceptan el necesario Progreso.
A pesar de la existencia de estructuras sociales y económicas «primitivas», el occidente define «primitivo» y «desarrollado» en términos de tecnología. Y la utilización intercambiable de los términos «primitivo» y «tribal» crea la afirmación implícita que si la tecnología llega a ser más compleja, las formas tribales desaparecerán. Como el occidente se ha servido de estas premisas para justificar la explotación colonial y el imperialismo cultural, esta afirmación ha llegado a ser una profecía verificada.
Nuestra percepción del tiempo es, por el contrario, esférica, no hay ni pasado ni futuro, pues ellos hacen uno con el presente, cada momento de tiempo es propio a sí mismo, es la única interacción de eventos infinitos desde el comienzo del tiempo y tiene consecuencias infinitas. Tal como cada punto del espacio es el centro del universo, cada momento es el centro del tiempo, el único y precioso instante para el cual la Tierra se ha preparado desde su origen.
Nada progresa, ni avanza, ni mejora. Todo está en todo lo que ha sido y lo que será. Un árbol de tres pies de alto no es superior ni inferior a uno que mida treinta pies. Nada es jamás ni superior ni inferior a lo que fue o será. Si los europeos hubieran llegado centenas de siglos después, habrían encontrado entre nosotros una tecnología más compleja, pero no habríamos sido superiores a lo que ahora somos.
La tecnología es una forma muy superficial de crecimiento. Un pueblo tribal, para el cual la espiritualidad prima sobre todo, experimenta cada cosa nueva o antigua en función de su armonía espiritual y social. Es a su propio paso que este pueblo la asimilará o la rechazará de acuerdo con su ritmo espiritual.
Todo esto no es nuestras culturas. Es la base a partir de la cual se desarrollan nuestras culturas. Nosotros no creamos nuestras naciones, y tampoco ellas nos llegan del exterior. Ellas son modeladas a partir de la forma cruda de nuestro éxtasis, es decir, ellas vienen del Gran Espíritu.
Estar conscientes de la existencia es terrorífico y sagrado. Nuestra conciencia reflexiona sobre ella misma: las palabras nos son dadas. El verbo debe ser tratado con respeto, si no, su poder llega a ser incontrolado y puede obrar para el mal. Mentir era impensable según las Viejas Costumbres, pues hacer abuso de la palabra, es poner en peligro a la nación. Aquellos que no tienen respeto por la palabra crean mundos que los encierran y donde viven permanentemente. Esta es la manera como la mayor parte de los no-Americanos de origen se autoconvencen que su especie es el ombligo y la finalidad del mundo, y que todo el resto es subordinado e insignificante.
La palabra no contiene la vida de lo que refleja; es como el vidrio que concentra el rayo de luz. Yo oriento el vidrio hacia cualquier cosa y contemplo a través para ver lo que yo designo. Pero el alcance de la palabra es limitado, y es por eso que el canto nos ha sido dado. El nace como una ola que fluye en nosotros, individual o colectivamente, en un precioso momento de conciencia unificada. Por el canto, nosotros resonamos con el pulso de la Tierra. El canto es eterno. Por eso la ceremonia nos ha sido dada por la sacralidad que nos rodea, extendiéndose en todas direcciones. Por la ceremonia, lo sagrado toma forma, aunque la ceremonia es limitada en el tiempo. Pero tenemos nuestra conciencia individual que nos permite sentir, adquirir la experiencia y los conocimientos, de modo que, como individuos, somos de toda la tierra y de todos los tiempos.Poco importa si una nación es vieja de varios milenios. Ella es nueva, se crea, se expande. El lenguaje, los mitos, las leyendas, los cantos, las ceremonias, el arte, son a un momento dado manifestaciones de la conciencia tribal e instrumentos de su creatividad. En nuestros mitos y leyendas, no hay distinción entre la historia física y la historia espiritual porque eso no tendría sentido.Si hemos creado mitos y tradiciones que, por ejemplo, atribuyen vida a una ribera, si actuamos y pensamos de esta manera, no nos oponemos a la realidad. Es igual que esculpir un ciervo en un trozo de madera, no estamos imponiendo a la madera una forma extraña. El trabajo del escultor, en función de las características especiales de esa madera, crea una vida que existe en su cabeza y que es efectivamente bien real. Poco importa el grado de «realismo» con el cual una obra de arte es vista, su imagen no existe sino en el observador, lo que no la hace menos real y verdadera. Los occidentales se esfuerzan en ver las cosas en forma «realista» y en consecuencia confunden sus percepciones con la realidad. Entonces, puesto que ven tan poco y comprenden todavía menos, ellos han sido inducidos a crear el ridículo concepto de «sobrenatural» -literalmente, por encima de la naturaleza -y han tenido a continuación la audacia de aplicar esta palabra a las religiones de los pueblos tribales que saben que la naturaleza lo engloba todo.
Nuestra adversidad no es solamente nuestra sino también la de nuestra Madre y la de todos sus hijos, incluído el bípedo blanco. Lo que importa ahora es la solidaridad en el seno de toda la especie humana, no solamente inter-tribal. Nosotros no podemos proteger las Viejas Costumbres acurrucándonos aislados en nuestra indianidad. La Viejas Costumbres no pueden circunscribirse, las formas exteriores de nuestra religión son simples instrumentos. Las Viejas Costumbres son los medios de realizar una total osmosis con la Tierra, y nosotros no podemos desertar de ella ahora.Estamos oprimidos sobre todo en el plano espiritual. Replicar en armonía con nuestras condiciones físicas actuales consiste en presentar ciertas formas de resistencia física. Debemos consolidar nuestros corazones, nuestros espíritus y nuestras almas, y esto significa rehusarnos a someternos a los medios de opresión: la privación material, la tiranía burocrática, la degradación y la expropiación de nuestra Madre la Tierra. Pero reconstruir las naciones indias exige bastante más que la resistencia a estos medios. Sólo aquellos que permanecieron fieles a las Viejas Costumbres, que comprenden que ellas están en evolución, que las «nuevas maneras» vienen también del Gran Espíritu y que están en consecuencia contenidas en las Viejas Costumbres; sólo aquellos que eviten acentuar o temer automáticamente las «nuevas maneras», esos sobrevivirán como nación.
Cada uno de nosotros debe conocer su nación, su lenguaje, sus mitos, su historia, sus ceremonias y sus costumbres, por la vida de la nación. Las viejas religiones y las costumbres tribales constituyen el cuadro de referencia que nos permite absorber las nuevas maneras. Es de nuestro fuero interior que creamos los profetas y los jefes espirituales que van a guiar cada nación para que ella siga su propia vía a través de estas circunstancias nuevas. Pueblo Mío, no hay mundo «moderno». No hay mundo blanco, hay el mundo del Gran Espíritu y el mundo de la Madre Tierra. Es por las Viejas Costumbres que nosotros hemos sabido esto, y es solamente por ellas que podremos sobrevivir en tanto que pueblos y en tanto que naciones.
Pueblo Mío, en la ciudad yo escucho estas voces. Ellas me vienen no solamente por la lluvia o por los pequeños resquebrajamientos que se hacen en la superficie del concreto. Ellas se expresan también en las grietas de los pilones de cemento que tienen la forma de los árboles en el invierno, y por los arco iris de los charcos de aceite en las calles.He hablado.

Jefe Gayle Pino Alto
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“Si todo lo que sabes no te sirve para transformarte y crecer, olvídalo. Es importante que no olvides que la Pachamama (Madre Tierra) apoya a todos los que se atreven a seguir adelante, mas cuando uno se queda, inevitablemente comienza a sentir los efectos de la soledad cósmica.”
Luis Espinosa, Chamalú

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La Naturaleza


Al dejarse penetrar por la dulzura del mensaje de la Naturaleza, se revela el secreto de las cosas. Pero, no solamente por su dulzura, sino que también por sus terribles aspectos cuando se desencadena sin piedad, irresistible, a través del monzón o en la rugiente tempestad de las altas montañas. En ambos casos, surge de pronto una calma impresionante bañando extrañamente las cosas y las almas, un mensaje de serenidad absoluta oculto detrás de las apariencias, que envuelve, acaricia y deposita el fatigado corazón en un lugar de silencio y de regeneración. ¿Podría hablarse de muerte para las hojas de los árboles, ellas que aceptan con tanta paz el desaparecer?
¿ No saben acaso, en su ser sin mente, que ellas contienen el manantial de todas las cosas y que como gérmenes restallantes de vida, de zumo y de miel, volverán la primavera próxima ofreciendo, aún antes de abrirse, una rica cosecha de dulzura a la abeja atraída por su renovado aroma ? ¿Existe en el hombre terrestre algo que sea diferente a las hojas? Su cuerpo se arrugará, se marchitará como ellas, y, como ellas, volverá a reunir los elementos que lo componen. En la «Gran Sabiduría Igualitaria» todo se reencuentra, todo se reconstruye, de acuerdo a las leyes armoniosas del Dharma. Ni una sombra podría perecer, sin que un día u otro se rehaga bajo el impulso de su propio flujo de vida.
Y en toda esta infinita riqueza de formas terminando en drama o en gozo, más allá de todo pensamiento, todo deseo o toda acción, el principio exteriorizador de la individualización, oculto en el corazón de las cosas, permanece por siempre fundido al principio del amor integrante. Unidos el uno al otro, sublime misterio de la vida en la manifestación de su riqueza y su evanescencia.

Serenidad. Los grillos se han callado, un petirrojo emite su canción nostálgica, los grandes castaños susurran dulcemente dejando caer las monedas de oro de su follaje. El Sabio sumerge profundamente su pensamiento en el corazón, depositándolos juntos a los pies del Sublime en un acto de amor silencioso.

Nelly Kauffmann
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ACTIVIDADES DE ABRIL Y MAYO

CURSOS:

1. Preparándonos para la Ascensión: todos los miércoles de 7:00 a 9:00pm.

2. Los Devas en la Evolución Humana y la Creación de la Nueva Tierra: todos los lunes de 7:30 a 9:30pm.

SEMINARIOS:

1. Espiritualidad Indígena- Legado de la Cosmogonía Inca y Maya
Estudiaremos la filosofía espiritual de los incas y haremos un análisis de las profecías incas, maya y hopi, a la luz de los acontecimientos planetarios.
Sábado 26 de abril de 2008, de 9:00am. a 4:00pm. en la Tienda Gaia en Ave. Hostos núm. 432 en Hato Rey.

2. ¿Indigo o Cristal? : En este seminario estaremos discutiendo cómo identificar a un niño o adulto Indigo y a uno Cristal. Conoceremos la diferencia entre uno y otro, cómo entenderlos, cómo educarlos, cómo ayudarlos a cumplir su misión. Sábado 24 de mayo de 2008, de 9:00am. a 4:00pm. Se avisará el lugar más adelante.

PULGUERO O BAZAR

Domingo 4 de mayo:

Vamos a tener una mesa con artículos para la venta a muy bajos precios, en el Pulguero de Carolina, en el área de Obras Públicas, donde se renuevan las licencias. Esta es una actividad económica para sacar fondos para Los Kaminantes.
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CENTRO DE ESTUDIOS KAMINANTES DEL SOL

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