Sabemos que el apego es un obstáculo que todos tendremos que superar algún día. Surge cuando no comprendemos el lado interno de la vida, cuando no estamos en contacto con la esencia de las cosas. Al carecer de ese contacto, nos habituamos a la forma externa y nos apegamos a ella.
En nuestra convivencia con los demás, es como si consideráramos sólo el cuerpo, el rostro, la personalidad de las personas, olvidándonos que en su verdadera esencia son almas, y que, como almas, están presentes en todas partes.
A muchos de nosotros nos gustaría ser más desapegados. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo encontrar la esencia de las cosas y cómo impedir que seamos atrapados por las apariencias? Tenemos muchos vicios de pensamiento y muchos hábitos de lenguaje, y llegamos a decir cosas que si las pensáramos mejor, veríamos que no corresponden a la realidad. Decimos por ejemplo: "Aquella especie de pájaros desapareció"; o: "Aquel hombre murió".
Realmente es un engaño decir que las cosas acaban o mueren, ya que no es eso lo que de hecho sucede. En realidad, es la esencia de las cosas que transmigra, dejando una forma y tomando otra. Por lo tanto, nada acabó cuando una especie de pájaros deja de ser vista en el plano físico. Y nada acabó cuando se dice impropiamente que una persona murió. Dentro de las nuevas especies de pájaros permanece la esencia de las especies extintas; y dentro de las personas que están naciendo hoy se halla la esencia que habitaba cuerpos de otras épocas.
Nada se pierde, todo evoluciona. Estar consciente de esto es el primer paso para desapegarnos de las formas externas y concretas. En una segunda etapa, nos desapegaremos de cosas más sutiles, como por ejemplo, las afectivas.
La vida puede llevarnos a cambiar de actividad externa varias veces. Nuestra intención de servir y de mejorar, y no la forma externa de las actividades, es el hilo que las puede interconectar. Esto nos da además la impresión de coherencia y armonía, y no de percances y contrastes. Si consideramos los cambios como hechos incómodos, las transformaciones pueden parecernos drásticas. Sin embargo, no hay ninguna diferencia entre las distintas actividades cuando las realizamos con el mismo espíritu. Lo importante es el espíritu con el que se hacen las cosas y no tanto aquello que se hace.
En el universo conviven armoniosamente energías que construyen y energías que destruyen. Las primeras crean y alimentan formas. Las últimas posibilitan que la esencia abandone las formas que ya no le corresponden. Ambas energías son necesarias para que la vida prosiga su curso. ¿Cómo podría el espíritu que nos alienta realizar un trabajo de creciente calidad, si a cierta altura no surgiese otra forma a la que él pueda dar el aliento?
La cura de los apegos soluciona los más diversos problemas. Nos permite encontrar respuesta a muchas preguntas: ¿Cómo hallar la esencia de las cosas? ¿Cómo hago para desapegarme de una idea? ¿Cómo hago para desapegarme de mi actual manera de ser? ¿Cómo hago para liberarme de lo que me aprisiona? ¿Cómo hago para trascender mis defectos? ¿Cómo hago con esa enfermedad que los médicos no saben tratar? ¿Cómo hago para llenar el vacío que siento en mi vida? Sólo hay una respuesta para todas esas preguntas: ir al interior del corazón, para dentro del propio ser. Allá la consciencia del alma, que es universal, nos aguarda desde siempre. Es en el corazón donde se curan los apegos, porque allí está la esencia de todo. Allí, nada nos falta.
De la Serie Síntesis de Charlas de Trigueirinho
Del libro: MATRIMONIO, UNIóN Y CURA
Editorial Kier
Huracanes, inundaciones y terremotos han tenido lugar constantemente en diversas regiones de la Tierra. Estos desastres naturales pueden encararse de muchas formas. Desde cierto punto de vista, se puede decir que la vida materializada en los lugares donde ocurren, se libera hacia otras dimensiones de existencia. Es una limpieza que permite una posterior renovación de la Naturaleza, tan agredida por el hombre. En cuanto a las personas que padecen estos desastres, también se puede decir que quedan libres de condiciones indeseables para el Espíritu.
La Naturaleza, como Entidad inteligente, es capaz de destruir todo lo que no sirve, todo lo obsoleto, o que amenaza la integridad del Espíritu. El desenvolvimiento de la consciencia planetaria, en su conjunto, no puede atrasarse debido a las circunstancias creadas por la presente civilización -condiciones infrahumanas de vida, habitacionales, de aprovisionamiento; lazos afectivos viciados, que están por debajo del nivel que las almas están preparadas para manifestar; anhelos egoístas de satisfacer deseos sin considerar a los demás ni al medio ambiente. Por lo tanto, los desastres son una forma drástica de purificación.
Esas manifestaciones de la naturaleza -de las cuales pocas regiones del planeta están exentas en esta época- no poseen los conceptos morales ni sociales comunes; ellas limpian, transforman, retiran, disuelven lo negativo, con profunda repercusión en los seres. Los principales efectos de una experiencia fuerte como esta se producen en el interior de las personas, en lo íntimo, y no siempre se manifiestan. Cuando la destrucción es amplia, también puede haber una profunda limpieza en el espacio etérico, con la colaboración de los vientos y de las aguas. En tiempos normales esto no es posible en gran escala. Hay lecciones que aprender con estos acontecimientos, cada vez más conocidos y numerosos. Una de las primeras es que, por ley, la Naturaleza recupera el espacio que el hombre le usurpó. Por eso, los ríos tienden a retornar a su curso original, el cual fue alterado en nombre de la comodidad, del lucro o del mayor usufructo por parte de poblaciones que normalmente desperdician agua y no adquieren hábitos superiores de higiene. Otra cosa que se puede observar y de la cual hay mucho que aprender: en las destrucciones de los bosques por efecto de los vientos, los árboles nativos han demostrado ser los más resistentes. Los primeros en caer son los trasplantados de otras regiones por la mano del hombre, los que forman parte de reforestaciones realizadas casi siempre por intereses espurios.
Las ayudas humanitarias realizadas en estas ocasiones son una oportunidad de equilibrio; los países que explotaron a otros deben devolver parte de los bienes en forma de donaciones, aunque en general sea una mínima parte en comparación con lo sustraído anteriormente. Los gestos de ayuda compensan los débitos de un pueblo para con otro y de un individuo para con otro. La recuperación de las regiones destruidas implica solidaridad, y pocas ocasiones se muestran tan propicias para el florecimiento de esa virtud como la de los inevitables desastres naturales.
Pero ¿por qué las personas no perciben internamente el peligro que se avecina? ¿Por qué son tomadas por sorpresa, cuando podrían prepararse mejor o huir de esos desastres? La respuesta es que, aunque siempre se hayan dado avisos generales, aunque desde hace siglos se venga anunciando las transformaciones por las cuales pasará la Tierra y aunque últimamente esos avisos se hayan transmitido con detalles, se les da poca importancia. El comportamiento no cambia, los malos hábitos permanecen, todo continúa como siempre. Y, por no tener en cuenta estos avisos, la personas pierden el derecho de intuir el momento en que llegarán los desastres, sin poder resguardarse al menos hasta cierto punto.
Extraído del boletín Señales de Figueira
Los libros de Trigueirinho están publicados por Editorial Kier
Sintonía interna
Vivimos, en todo el planeta, un clima de expectativa acerca del porvenir. El fin del milenio, sumado a los desastres y a los sucesos astronómicos inéditos, envuelve a la humanidad en una atmósfera de ansiedad y de miedo. Ésta se olvida de lo principal: el despuntar de un nuevo ciclo que se anuncia desde hace tiempo.
Algunos pueblos ya llegaron a su fin, pero lo que más provoca aprensión son los cataclismos de ámbito global. La inestabilidad geológica y climática del planeta se hace cada vez más evidente, lo vemos en el aumento de la temperatura y en el derretimiento de los casquetes polares. Esa inestabilidad, agravada por los experimentos con armas nucleares y por la aproximación de cuerpos celestes desconocidos, puede ser el preludio de un desplazamiento del centro de gravedad del planeta, lo cual implica la alteración de su eje magnético, con imprevisibles consecuencias. La humanidad está rodeada de una creciente contaminación, surgen nuevas enfermedades incontrolables. Está sometida a la influencia negativa de los medios de comunicación, que distorsionan las informaciones, estimulan la superficialidad y la dispersión de valiosas energías. Inmerso en un mar de amenazas, el organismo humano se debilita. Se vuelve menos resistente a microbios nocivos y a los constantes impactos psíquicos.
¿Qué se espera, entonces, de los seres humanos más conscientes, que se convocaron para servir al mundo y a sus semejantes en estos tiempos?
• Proveer sistemas alternativos de obtención de energía para motores, y no limitarse simplemente a almacenar combustible.
• Simplificar la elaboración de alimentos.
• Mantener la consciencia plenamente integrada en el presente, sin perder de vista los niveles espirituales de la vida ni la capacidad de ayudar y de recuperarse que llevan dentro.
• Convertirse en un núcleo magnético de armonía. Se debe mantener la serenidad para poder irradiarla. Para esto hay que observar los hechos externos con neutralidad, sin dejarse llevar por ellos.
• Con su irradiación, despertar lo mejor en los demás, de modo que quienes se acerquen, se eleven espontáneamente.
• Evitar vincularse con niveles y situaciones de conflicto. Las imperfecciones sólo deben considerarse terrenos por nivelar y preparar. No poner énfasis en las limitaciones.
• No alimentar una confianza excesiva en la capacidad humana. Poner la vista y la aspiración siempre en los niveles superiores de consciencia.
Los seres humanos más conscientes son canales para la obra de las Jerarquías espirituales sobre el planeta. Son sus colaboradores, eslabones entre el cielo y la tierra. Por su intermedio se lleva a cabo un intenso trabajo de rescate de las consciencias. En una época caótica, esto es lo más importante.
Extraído del boletín Señales de Figueira
Los libros de Trigueirinho están publicados por Editorial Kier
Son continuos los intentos, por parte de la Jerarquía espiritual de la Tierra, de establecer contacto directo con los seres humanos, pero el alto grado de densidad de las capas externas del planeta dificulta que éste se produzca de modo cristalino y sin riesgo de equívocos. Por lo tanto, quien aspira a ese contacto, antes que nada tiene que cultivar la fe, entregar su propio nivel de consciencia material al Supremo Ser que habita en su interior, y seguir con determinación y prudencia el camino que eligió.
Los fenómenos no deberín absorber excesivamente su atención; tampoco deberí penetrar en un estado que lo lleve al letargo, lo cual lo vuelve receptivo a las fuerzas que circulan en las esferas psíquicas. Esas fuerzas pueden presentársele en sueños y visiones, disfrazadas de instructores y guís que le transmiten mensajes puramente humanos, subconscientes, desviándolo de su verdadero rumbo.
En realidad, cuando se establece una conexión auténtica con el Supremo Ser interior, una energí ardiente y límpida desciende hasta los niveles personales y humanos, y los eleva. Si la persona que piensa haber realizado esa conexión no se eleva, si no recibe un genuino impulso evolutivo, es porque de hecho ella está polarizada en niveles intermedios, vulnerables a las interferencias.
Quienes son canales de contacto entre las dimensiones superiores y las terrestres despiertan la vida interior en los semejantes. Aunque vivan de manera silenciosa, imperceptible para los demás en el mundo material, realizan ese trabajo benéfico oculta y anónimamente. Cuando alguien trasciende las propias condiciones kármicas y las afinidades personales, y sirve como canal de unión de esas dimensiones, su irradiación es conducida por las Jerarquís espirituales y comienza a actuar positivamente, sobre todo en quienes, en la senda evolutiva, están a punto de superar las limitaciones del mundo material.
Quien aspira a servir como ser-contacto tiene como camino una actitud perenne de gratitud. No debe dejarse invadir por temor alguno, y tampoco aflojar la positiva "tensión" en que vive. Solamente así cruzará las etapas oscuras que le están reservadas en el recorrido evolutivo por la superficie de la Tierra. No será guiado por fenómenos extraordinarios, sino por lo que le llega cuando entra en silencio, en el núcleo de la consciencia más profunda, en aquel santuario interno adonde sólo el Ser Supremo tiene acceso.
Ese aspirante no tiene ningún interés en vivencias ilusorias. A sus contactos internos genuinos, cuando ocurren, los reconoce y los ofrenda al Todo, no los recibe como un motivo de deleite. Sabe que los deleites son una satisfacción pasajera, que se van con la misma facilidad con que llegan, y por lo tanto no los tiene como meta. El camino para el contacto interno se recorre con simplicidad. Las desarmonís en nivel psicológico se clarifican sin tratar con ellas. No hay misterios ni complicaciones cuando el ser se olvida de sí. Desde que despierta hasta que se duerme, desde que se duerme hasta que despierta, él avanza y crece, como una pequeña planta a la luz del Sol: nada desea para sí, nada pide; sólo glorifica. Así se desarrolla, así se eleva y así se manifiesta aquello para lo que fue designado desde el inicio de la creación.
Extraído del boletín Señales de Figueira
Los libros de Trigueirinho están publicados por Editorial Kier
Ejercicio de Vida
Las elecciones más decisivas en el curso de la vida parten del centro del ser, de nuestra alma. Sin embargo, aunque ella determine los rumbos básicos que habremos de seguir, también la personalidad, nuestro yo externo, posee cierto poder de decisión.
Como personalidad, ejercemos el libre albedrío para aprender a elegir. A través del repetido ejercicio de esta capacidad de escoger vamos aprendiendo a abandonar lo que perjudica a la evolución, hasta el momento en que comenzamos a percibir la voz del alma y a ser atraídos por ella.
Por tanto, la capacidad de decisión de la personalidad varía según los grados evolutivos que vamos alcanzando. Esa capacidad de decisión es fuerte y dominante mientras nos dejamos conducir por los aspectos materiales de nuestro ser: el físico, el emocional y el mental; y la misma se redimensiona a medida que optamos por la evolución superior.
Cuando transferimos nuestras decisiones al alma, de ella nos comienzan a llegar pruebas para purificarnos y oportunidades para que evolucionemos. La personalidad se vuelve más flexible y obediente hasta que, finalmente, comprendemos cuál es nuestra tarea como alma encarnada.
Para cumplir esa tarea necesitamos ser guiados por indicaciones internas provenientes del alma, quien conoce las leyes evolutivas y nuestro destino. Así pues, cuando nos entregamos a la voluntad del alma, cuando es ella quien conduce nuestros actos, se cumple lo que está previsto para nuestra vida sobre la Tierra.
La vida regida por el alma está precedida por un período de purificación y ajustes, pudiendo formar parte de ese período lo que se llama "fase de arrepentimiento".
En sentido espiritual, arrepentimiento es la disposición para reconocer errores e inmediatamente actuar de forma de equilibrarlos. No se trata sólo de lamentarse y no debe confundirse con la tendencia a llorar por el dolor que causamos, o de pedir disculpas sin que nada se transforme en nosotros. Las lamentaciones por sí mismas no tienen valor evolutivo; solo deprimen y perturban nuestro equilibrio sin llegar a resolver nada.
El arrepentimiento verdadero es un impulso para sanar las desarmonías que causamos en el pasado. Si vivimos el arrepentimiento de esta manera, es decir, si comenzamos a actuar equilibradamente, de hecho nos preparamos para nuevas etapas del camino.
Dado que evolucionamos por ciclos, hay plazos establecidos internamente para que demos ciertos pasos. Cada ciclo nos ofrece una serie de oportunidades, disponibles según la ley del karma. Si no las aceptamos, tendremos dificultades para pasar al ciclo siguiente.
En otras palabras, el curso correcto de la evolución sería que cumplamos los ciclos, que no dejemos para después lo que podamos hacer ahora. Así y todo, si no conseguimos dar los pasos previstos tendremos de algún modo otras oportunidades de evolución, pues vivimos en un universo regido por la ley del amor. De manera que, si tenemos que repetir un ciclo podremos aplicar lo que ya aprendimos. Si nos dejamos llevar por el aspecto negativo de nuestro "fracaso" sólo seremos instrumento de pruebas para los que están cumpliendo una etapa semejante. Pero si adoptamos actitudes positivas, podremos ser un estímulo para el progreso de todos, los cuales se beneficiarán con la experiencia de nuestra caída anterior.
En la etapa en que ya estamos siendo guiados por el alma, nuestra capacidad de servir, de ayudar a los semejantes, se amplía incesantemente; vemos en cada ser una esencia espiritual. Sabemos que todos venimos de la misma fuente creadora y que el Amor es la ley primera del sistema solar. Así, tratamos a todos con amor de forma natural, inclusive a los que presentan características diferentes de la mayoría o alguna limitación.
También por la ley del amor, cada ser tiene su lugar en el universo, donde mejor puede desarrollar sus aptitudes, su forma de donarse. Mas, nadie es capaz de reconocer ese lugar usando sólo la mente o el deseo de servir. Solamente en lo profundo de nuestro ser sabemos dónde se encuentra.
Para llegar a ese conocimiento y ser más útiles, debemos enfocar los niveles internos de la consciencia con fidelidad, constancia y desapego; niveles de los cuales emana la sabiduría necesaria para ayudar al prójimo sin interferir en su destino. Lo fundamental es que esta búsqueda interna sea la prioridad en nuestra vida. Siendo así, nuestros días se irán tornando puro servicio del alma en beneficio de cualquier persona que necesite ayuda.
El amor es la capacidad de unión, de cohesión. Si no existiese, en el universo prevalecerían las fuerzas contrarias a la unidad, y él se desintegraría. Esto es verdad también para todos lo seres que habitan el universo y forman parte de él.
El amor mantiene los átomos reunidos e integrados y activa el desarrollo de la consciencia en todos sus grados de expresión.
Existen consciencias y personas que canalizan con pureza la energía del amor, manifestándola impersonalmente sin apego ni posesividad. Pero, por el momento, la expresión más límpida del amor es, en general, misteriosa y desconocida; pues la mayoría lo confunde con afectos personales, con actitud posesiva y con dependencia.
Debido a que el ser humano común está todavía polarizado en el nivel emocional y en el instintivo, interpreta su necesidad genuina de integración, en sí mismo y en el universo, como la necesidad de complementarse con un semejante. Busca, entonces, el amor afuera; movimiento que le impide establecer contacto con la fuente de amor, que se halla en el interior de sí mismo.
Puede sucedernos, que en este camino de descubrimiento del amor universal y puro, quedemos detenidos en alguna de sus etapas, apegados a personas o a situaciones. Así, al no comprenderlo como una energía cósmica, infinita, ignoramos que, cada vez que renunciemos a nuestros objetos de amor, hallaremos una expresión más profunda e inclusiva de él.
Esa comprensión nos aporta el aspecto más elevado del amor: la sabiduría, que ha de disolver nuestras ilusiones emocionales y mentales, proporcionándonos la sensibilidad interior, el conocimiento intuitivo de la real necesidad de los demás seres. Por ello nos da la capacidad de ayudar sin interferir.
La sabiduría indica la dirección real y correcta que debe seguirse; pertenece al corazón, no a la mente analítica y discriminadora. El amor-sabiduría brinda una comprensión que no requiere pensamientos lógicos, y en él no hay engaños ni ilusión.
Y si nos preguntaran cómo llegamos al amor sabiduría, responderemos que se trata de un misterioso camino, recorrido por la senda de la renuncia a lo ya conseguido, por la ofrenda incondicional y desinteresada de lo mejor de nosotros mismos.
El amor es sabio cuando es liberador, curativo e impersonal, cuando nos lleva al encuentro de las necesidades de nuestros semejantes y del universo en el que estamos incluidos. Movidos por él, establecemos metas en consonancia con la evolución de la vida. El amor sabio nos impulsa a buscar lo esencial y no las efímeras apariencias. Nos hace ver, sin limitarnos, lo que hay de positivo en cada circunstancia.
El amor sabio no se restringe solo al reino humano. Transfigura y perfecciona todo lo que toca. Así, lo que está limitado se expande y se integra en su más pura esencia interna. El amor sabio hace al ser humano compasivo y disponible para todo y para todos. Consagrado al cumplimiento de elevados propósitos, es irradiado por fuentes cósmicas.
El amor común, a su vez, lleva al ser a identificarse con las formas externas, a engañarse con las apariencias y las circunstancias. Está sujeto al ritmo de la evolución natural, con sus avances y retrocesos. Por lo tanto, es incierto y sufre influencias de las fuerzas antagónicas que limitan a la persona a resolver, sobre todo, problemas de subsistencia en el plano físico, a satisfacer diferentes carencias en el emocional, y a mantener prejuicios en el mental. En esos planos hay muchas carencias, lo cual causa engaño en los que son movidos por el amor humano, común, al considerarlo como el único instrumento de acción y de vida existente.
Las decepciones del amor humano llevan al ser a descubrir las infinitas posibilidades del amor-sabiduría y a la necesidad de vivirlo. Al surgir la sabiduría la consciencia es atraída hacia los niveles internos. Y el alimento que de allí fluye transforma al ser por completo.
De la Serie Síntesis de Charlas de Trigueirinho
Del libro: OPORTUNIDADES DE CRECIMIENTO, Editorial Kier
Mientras una persona se rige por la ley material, para tener una casa, por ejemplo, necesita dinero para comprarla, y normalmente vive en función de conseguirlo. Desde el pasado remoto, la preocupación por la subsistencia ha sido una constante porque las personas siempre concentraron su energía en la satisfacción de las necesidades concretas. Identificadas solamente con esas necesidades externas, permanecieron restringidas a la ley material, en los límites regulados por el karma terrestre, o ley de causa y efecto. Sin embargo, cuando la persona traslada su foco de atención hacia una ley espiritual superior y pauta la vida por lo que marca esa ley, las necesidades de todos los niveles se suplen armoniosamente, sin luchas.
A medida que ese cambio de enfoque se vaya dando en cada ser, el nivel material de la Tierra irá reorganizándose. La adhesión a leyes más amplias es imprescindible, pues no se puede construir nada nuevo sobre viejos y desgastados cimientos. Y estos no pueden ser arrancados, a menos que una energía purificadora, poderosa, entre en acción.
La vida en la ley evolutiva superior no da lugar para hacer concesiones a lo obsoleto y distante de la meta espiritual. No obstante, dichas concesiones predominan en esta civilización regida por leyes materiales y por los juegos de causas y efectos. Servir a dos señores todavía es norma aquí. Una persona puede, por ejemplo, suplir egoístamente sus propias necesidades, no siempre reales, a expensas de otras. Esto sólo es posible por las ilusiones que ella misma crea y en las cuales vive, por la confusión que hace entre hábitos ancestrales y necesidades verdaderas.
Es diferente la situación de aquel que está camino de liberarse; este debe tener claro a quien está sirviendo, si al egoísmo o al amor. Si para él la ley del karma material, los procesos psicológicos, la vida de la personalidad o la vida humana no tienen el mismo valor que antes, si nada de esto lo ata con la misma fuerza, entonces su ser interior está ingresando en otro ciclo y volviéndose más universal. No debe reprimirse esta tendencia.
La energía y la protección para que participemos de ese despertar provienen de Erks y se esparcen por todo la atmósfera terrena, tocando a cada ser en la medida de su apertura, llevándolo a superar la tendencia a la autoafirmación, el interés excesivo por las cosas materiales, la falta de compasión y de sensibilidad al bien general.
El trabajo de Erks es silencioso, profundo, intenso y constante. Así como silenciosamente se manifestó a la humanidad, aguarda a los que deben cruzar sus portales para después retornar a la vida de la superficie terrestre trayendo consigo las simientes de los tiempos venideros.
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Información y conocimiento no son lo mismo. Una información sobre los hechos de la vida espiritual, por ejemplo, sólo nos lleva al conocimiento de los mismos cuando tenemos la intención de transformarnos, receptividad y coraje para encarar lo nuevo, y fe para aceptar como verdadera una información aún no comprobada.
El saber intelectual que se restringe al nivel de la información no es un conocimiento real. No sirve para nada si no se lo pone en práctica. La vivencia asimilada es el verdadero conocimiento. Ese conocimiento proviene de aquello que, aunque no lo recordemos, pusimos en práctica en vidas anteriores y pasó a formar parte de nuestra naturaleza.
El conocimiento no se adquiere en las escuelas; es fruto de la aceptación de los hechos de la vida, proviene de aprender a través de ellos y de transformarnos de acuerdo a las lecciones que nos traen.
Existen muchos niveles de consciencia: el físico, el emocional, el mental, el intuitivo, el espiritual, el monádico, el divino y el cósmico. Cada uno de ellos está compuesto de subniveles y tiene sus propias leyes. Lo que es verdad en un nivel o subnivel, no lo es necesariamente en otro, cada nivel tiene su verdad. Por eso, nadie puede descubrir la verdad completa; ella es revelada gradualmente, ya que al estar todos regidos por una ley evolutiva, siempre existe un plano más allá de aquel en el que nos encontramos, y en ese plano superior hay una verdad más amplia.
Por eso, toda profecía es relativa. Existen estudiosos que prevén, por ejemplo, la fecha de un hecho importante. Su previsión es verdadera en el nivel en el que captaron aquella circunstancia, no lo es en el nivel superior; y cuando este último predomina, el hecho puede no darse como estaba previsto.
Es imposible fijar una fecha para los grandes cambios físicos que la Tierra debe sufrir en este período. Sin embargo, algunos ya están sucediendo y podemos percibir sus señales: la contaminación ambiental, el derretimiento de los casquetes polares y las diversas alteraciones climáticas. Y, aunque todos sepan esto, son pocos los que cambian su forma de vida.
La mayoría recibe la información y no se transforma, aún admitiendo su parte de responsabilidad en hechos desequilibrados y negativos.
Por eso, lo más urgente para la humanidad no es conocer las profecías, sino salir del plano en el que se encuentra y colocarse frente a otras leyes, las mismas que están transformando a la Tierra. Ya no debemos buscar informaciones por curiosidad. Debemos usar, de manera positiva y dinámica, la energía de transformación presente hoy en el planeta, para poder estar receptivos a lo desconocido y a experiencias inusitadas. Ese es el caso de los que perciben los mundos intraterrenos, en donde civilizaciones más avanzadas que la nuestra se desarrollan en planos suprafísicos. Para ingresar en esos estados de consciencia, o mundos, no hay ninguna entrada física, pues se encuentran en un plano diferente. Algunas personas simplemente se adormecen, y durante el sueño dejan el cuerpo material y alcanzan un plano de existencia más sutil, de esta forma aparecen en los mundos intraterrenos. Allí aprenden diversas cosas que necesitan y luego, al despertar, retornan. En pocos minutos de "sueño" es como si hubiesen vivido siglos, de tanto que aprenden.
Esas experiencias se producen bajo leyes diferentes de las materiales y pueden operar sobre nosotros si nos permitimos transformarnos, si cambiamos de nivel de consciencia.
De la Colección: Charlas de Trigueirinho. Síntesis de: TRANSFÓRMESE
Los interesados en la charla completa, la pueden encontrar en el libro
DESPERTAR A LA TRASNFORMACIÓN
Editorial Kier
